Día Veintisiete – Mañana
Concédeme, oh Dios misericordioso, que pueda llevar conmigo a lo largo de este día el recuerdo de los sufrimientos y de la muerte de Jesucristo mi Señor.
Por Tu amor paternal manifestado en Jesucristo Tu amado Hijo:
Por Su disposición a sufrir por nosotros:
Por la pasión redentora que llenó Su corazón:
Te alabo y bendigo Tu santo nombre.
Por el poder de Su Cruz en la historia del mundo desde que Él vino:
Por todos los que han tomado sus propias cruces y lo han seguido:
Por el noble ejército de mártires y por todos los que están dispuestos a morir para que otros vivan:
Por todo sufrimiento libremente escogido por fines nobles, por dolores valientemente soportados, por penas temporales que han sido usadas para edificar gozos eternos:
Te alabo y bendigo Tu santo nombre.
Oh Señor mi Dios, que habitas en pura y bendita serenidad, más allá del alcance del dolor mortal, y sin embargo miras con amor y ternura inefables los dolores de la tierra, dame gracia, te ruego, para comprender el significado de tales aflicciones y desilusiones como aquellas que yo mismo estoy llamado a soportar. Líbrame de toda impaciencia. Hazme sabio para extraer de cada disposición de Tu providencia la lección que Tú deseas enseñarme. Dame un corazón fuerte para llevar mis propias cargas. Dame un corazón dispuesto para llevar las cargas de los demás. Dame un corazón creyente para echar todas las cargas sobre Ti.
Gloria sea a Ti, oh Padre, y a Ti, oh Cristo, y a Ti, oh Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Día Veintisiete – Tarde
Vacilo donde antes caminaba con firmeza,
y cayendo bajo el peso de mis cargas,
sobre los grandes peldaños del altar del mundo,
que ascienden en la oscuridad hacia Dios,
extiendo manos lisiadas de fe, y tanteo…
Dios eterno, que has sido la esperanza y el gozo de muchas generaciones, y que en todas las edades has dado a los hombres el poder de buscarte y en esa búsqueda encontrarte, concédeme, te ruego, una visión más clara de tu verdad, una fe más grande en tu poder, y una seguridad más confiada en tu amor.
Cuando el camino parezca oscuro delante de mí, dame gracia para caminar confiado:
Cuando mucho me sea confuso, hazme ser aún más fiel en lo poco que puedo ver con claridad:
Cuando la escena distante esté nublada, haz que me regocije al menos porque el próximo paso está claro:
Cuando lo que Tú eres esté más escondido de mis ojos, permíteme aferrarme aún a lo que Tú mandas:
Cuando la visión falle, que permanezca firme la obediencia:
Lo que me falte en fe, que lo supla en amor.
Oh Dios infinito, cuyo rostro de resplandor a menudo está velado a mi mirada mortal, te agradezco que hayas enviado a Tu Hijo Jesucristo para ser luz en un mundo oscuro. Oh Cristo, Luz de Luz, te agradezco que en Tu vida santísima hayas atravesado el misterio eterno con un gran rayo de luz celestial, de modo que en verte a Ti vemos a Aquel a quien ningún hombre ha visto jamás.
Y si aún no logro encontrarte, oh Dios, entonces escudriña mi corazón y hazme saber si acaso no soy yo más ciego que Tú más oculto, yo que huyo de Ti más que Tú huyes de mí; y permite que confiese mis pecados delante de Ti y busque Tu perdón en Jesucristo mi Señor. Amén.
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