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Bienvenidos a www.aleguitarra.com Mi nombre es Alejandro López, vivo en la ciudad de Mercedes de Uruguay junto a mi esposa Delia y n...

Día 25

 Día Veinticinco – Mañana

Oh Dios de los siglos, concédeme que yo, que soy heredero de todos los tiempos, no deje de aprovechar la sabiduría celestial que en tiempos pasados concediste a tus siervos.

Un sabio escribió:
El mundo está demasiado con nosotros; tarde y temprano,
acumulando y gastando, desperdiciamos nuestras fuerzas.

Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Un sabio escribió:
Nuestras voluntades son nuestras para hacerlas Tuyas.
Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Un sabio rey dijo:
Para mí nada es demasiado pronto o demasiado tarde, lo cual es a su debido tiempo para Ti.
Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Un sabio hombre dijo:
Espera grandes cosas de Dios, intenta grandes cosas para Dios.
Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Un sabio dijo:
En Su Voluntad está nuestra paz.
Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Una sabia mujer dijo:
El momento divino es el presente.
Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Una sabia mujer dijo:
Pide demasiado aquel para quien Dios no es suficiente.
Oh Dios, dame gracia para aprovechar esta palabra.

Un sabio oró:
Da lo que mandas, y manda lo que quieras.
Oh Dios, dame gracia para orar esta oración.

Un sabio oró:
Oculta mi vida pasada; guía mi futuro.
(Quod vixi tege, quod vivam rege.)
Oh Dios, dame gracia para orar esta oración.

Concédeme, oh Padre, que pueda realizar los deberes de este día con un recuerdo constante de la gran tradición en la que me encuentro y la gran nube de testigos que siempre me rodea, para que así pueda ser guardado de los malos caminos e inspirado a grandes esfuerzos. Así guárdame hasta la tarde en el poder de Jesucristo mi Señor. Amén.



Día Veinticinco – Tarde

Dios Santo, a cuyo servicio hace mucho tiempo dediqué mi alma y mi vida, me duelo y lamento delante de Ti que todavía soy tan propenso al pecado y tan poco inclinado a la obediencia:
Tan apegado a los placeres de los sentidos, tan negligente con las cosas espirituales:
Tan presto para gratificar mi cuerpo, tan lento para alimentar mi alma:
Tan ávido de deleite presente, tan indiferente a la bienaventuranza eterna:
Tan amigo de la ociosidad, tan indispuesto para el trabajo:
Tan pronto en jugar, tan tarde en orar:
Tan diligente en el servicio del yo, tan flojo en el servicio de los demás:
Tan ansioso por obtener, tan reacio a dar:
Tan altivo en mi profesión, tan bajo en mi práctica:
Tan lleno de buenas intenciones, tan reacio a cumplirlas:
Tan severo con mis prójimos, tan indulgente conmigo mismo:
Tan presto a encontrar fallas, tan resentido cuando me encuentran fallas:
Tan incapaz de grandes tareas, tan descontento con las pequeñas:
Tan débil en la adversidad, tan engreído y satisfecho de mí mismo en la prosperidad:
Tan desamparado sin Ti, y sin embargo tan poco dispuesto a estar ligado a Ti.

Oh corazón misericordioso de Dios, concédeme una vez más Tu perdón. Escucha mi triste relato y en Tu gran misericordia bórralo del libro de Tu memoria. Dame fe para aferrarme a Tu propia santidad y regocijarme en la justicia de Cristo mi Salvador, de modo que, descansando en Sus méritos y no en los míos, pueda cada vez más llegar a ser conformado a Su semejanza, mi voluntad haciéndose una con la Suya en obediencia a Ti. Todo esto lo pido por Su santo nombre. Amén.

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