Día Veinticuatro – Mañana
Oh Dios, siempre bendito, Tú que me has dado la noche para descansar y el día para trabajar y servir, concede que el sueño reparador de la noche pasada se transforme ahora en una gloria mayor en la vida de este nuevo día. Que no produzca en mí pereza, sino que me impulse a una acción más diligente y a una obediencia más dispuesta.
Enséñame, oh Dios, a usar todas las circunstancias de mi vida hoy para que produzcan en mí los frutos de santidad más que los frutos del pecado.
Déjame usar la decepción como material para la paciencia:
Déjame usar el éxito como material para la gratitud:
Déjame usar la incertidumbre como material para la perseverancia:
Déjame usar el peligro como material para el valor:
Déjame usar la reprensión como material para la longanimidad:
Déjame usar la alabanza como material para la humildad:
Déjame usar los placeres como material para la templanza:
Déjame usar los dolores como material para la resistencia.
Oh Señor Jesucristo, Tú que por el gozo puesto delante de Ti soportaste la cruz, menospreciando la vergüenza, y ahora estás sentado a la diestra del trono de Dios, haz que te considere a Ti, que soportaste tal contradicción de pecadores contra Ti mismo, para que no me canse ni desmaye en mi mente.
“Pero ese trabajo te hará mío algún día, enteramente mío, — Y el fin del dolor estará cerca de mi trono.”
Santo Dios, quiero recordar delante de Ti a todos mis amigos y a los de mi propio hogar, especialmente a … y …, suplicándote que en Tu gran amor los guardes también libres del pecado, controlando todas sus acciones este día de acuerdo con Tu perfecta voluntad. Amén.
Día Veinticuatro – Tarde
Ahora a Ti, oh Padre celestial, sean toda la alabanza y gloria, porque día tras día llenas abundantemente mi vida con diversas bendiciones:
Un hogar para compartir, parientes para amar y amigos para apreciar:
Un lugar que ocupar y un trabajo que hacer:
Un mundo verde en el cual vivir, cielos azules sobre mí y aire puro para respirar:
Ejercicio saludable y placeres sencillos:
La larga historia de mi raza para recordar y sus grandes hombres a quienes seguir:
Buenos libros para leer y muchas artes y oficios en los cuales deleitarme:
Tantas cosas que valen la pena conocer y la ciencia y la habilidad para conocerlas:
Esos elevados pensamientos que a veces llenan mi mente y vienen no sé de dónde:
Muchos días felices, y esa calma interior que Tú me concedes en los días de tristeza:
La paz que sobrepasa todo entendimiento, que viene de Tu presencia habitando en mi alma:
La fe que mira más allá de la muerte y la esperanza de una vida mayor más allá de la tumba.
Te doy gracias, oh Señor Dios, porque aunque con mano generosa Tú has derramado siempre Tus bendiciones sobre el género humano, sin embargo en Jesucristo Tú has hecho cosas mayores por nosotros que nunca antes:
Haciendo el hogar más dulce y los amigos más queridos:
Convirtiendo la tristeza en alegría y el dolor en victoria del alma:
Robando a la muerte su aguijón:
Robando al pecado su poder:
Haciendo la paz más pacífica y el gozo más gozoso, y la fe y la esperanza más seguras. Amén.
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