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Bienvenidos a www.aleguitarra.com Mi nombre es Alejandro López, vivo en la ciudad de Mercedes de Uruguay junto a mi esposa Delia y n...

Día 21

Día Veintiuno – Mañana

Oh Santo Espíritu de Dios, visita ahora esta alma mía y permanece en ella hasta la tarde. Inspira todos mis pensamientos. Penetra todas mis imaginaciones. Sugiere todas mis decisiones. Mora en la ciudadela más íntima de mi voluntad y ordena todas mis acciones. Sé conmigo en mi silencio y en mi discurso, en mi prisa y en mi reposo, en compañía y en soledad, en la frescura de la mañana y en el cansancio de la tarde; y concédeme gracia en todo tiempo para regocijarme en Tu misteriosa compañía.

Mi corazón, un altar, y Tú amas la llama.

Acompáñame hoy, oh Espíritu invisible, en todas mis salidas, pero quédate también conmigo cuando esté en mi casa y entre mis familiares. No permitas que falte en mostrar a los más cercanos a mí la simpatía y consideración que Tu gracia me permite mostrar a otros con quienes trato. No permitas que rehúse a mi propio hogar la cortesía y amabilidad que considero apropiado mostrar a los extraños. Que la caridad comience hoy en casa.

No me dejes, oh Presencia bondadosa, en aquellas horas que hoy dedique a la lectura de libros o periódicos. Guía mi mente para elegir los libros correctos y, habiéndolos escogido, para leerlos de la manera adecuada. Cuando lea para provecho, concédeme que todo lo leído me acerque más a Ti. Cuando lea para recreación, concédeme que lo que lea no me aparte de Ti. Que toda mi lectura refresque mi mente, para que con mayor empeño busque aquellas cosas que son puras, justas y verdaderas.

Concédeme tener un sentido especial de Tu cercanía, oh Dios, en aquellos tiempos en los que pueda dedicarme a la oración, a cualquier ejercicio público de adoración, o a la recepción del Santísimo Sacramento; por medio de Jesucristo mi Señor. Amén.



Día Veintiuno – Tarde

Oh Tú, Creador de todas las cosas que existen, levanto mi corazón en gratitud a Ti por la dicha de este día:

  • Por la simple alegría de vivir;

  • Por todas las vistas y sonidos que me rodean;

  • Por la dulce paz del campo y el grato bullicio de la ciudad;

  • Por todo lo brillante, hermoso y alegre;

  • Por la amistad y la buena compañía;

  • Por el trabajo que realizar y la habilidad y fuerza para cumplirlo;

  • Por un tiempo para jugar cuando el trabajo del día termina, y por la salud y un corazón alegre para disfrutarlo.

Que nunca llegue a pensar, oh Padre eterno, que estoy aquí para quedarme. Hazme recordar siempre que soy un extranjero y peregrino en la tierra. Porque aquí no tenemos ciudad permanente, sino que buscamos la venidera. Presérvame por Tu gracia, buen Señor, de perderme tanto en los gozos de la tierra que ya no me quede anhelo por los gozos más puros del cielo. Que la felicidad de este día no sea trampa para mi corazón demasiado mundano.

Y si, en lugar de felicidad, hoy he sufrido alguna decepción o derrota; si ha habido alguna tristeza donde había esperado gozo, o enfermedad donde había buscado salud, concédeme gracia para aceptarlo de Tu mano como un recordatorio amoroso de que este no es mi hogar.

Te doy gracias, oh Señor, porque has puesto la eternidad en mi corazón, de modo que nada terrenal pueda jamás satisfacerme por completo. Te agradezco que cada alegría presente esté tan mezclada con tristeza e inquietud que me impulse a contemplar una dicha más perfecta. Y, sobre todo, te agradezco por la segura esperanza y promesa de una vida eterna que me has dado en el glorioso evangelio de Jesucristo mi Señor. Amén.



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