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Día 28

Día Veintiocho – Mañana

Permíteme ahora salir, oh Señor mi Dios, al trabajo de un nuevo día, aún rodeado por Tus maravillosas misericordias, aún comprometido a Tu fiel servicio, aún firme en Tu fortaleza y no en la mía propia.

Haz que hoy sea un cristiano no solo en mis palabras, sino también en mis hechos:

  • Que siga valientemente las huellas de mi Maestro, dondequiera que me lleven.

  • Que sea duro y severo conmigo mismo.

  • Que no haya autocompasión ni autoindulgencia en mi vida de hoy.

  • Que mi pensamiento sea agudo, mi palabra franca y abierta, y mi acción valiente y decisiva.

Ruego, oh Señor, no solo por mí mismo, sino por toda mi familia, por todos mis amigos y por todos mis compañeros de trabajo, suplicándote que los incluyas a todos en Tu paternal cuidado. Oro también—

  • por todos los que hoy se enfrentarán a una gran decisión;

  • por todos los que hoy estarán involucrados en resolver asuntos de importancia en la vida de hombres y naciones;

  • por todos los que están moldeando la opinión pública en nuestro tiempo;

  • por todos los que escriben lo que otros leen;

  • por todos los que levantan la lámpara de la verdad en un mundo de ignorancia y pecado;

  • por todos aquellos cuyas manos están gastadas por demasiado trabajo, y por los desempleados cuyas manos hoy quedan ociosas;

  • por aquellos que no tienen dónde reclinar su cabeza.

Oh Cristo mi Señor, que por amor a mí y a mis hermanos renunciaste a todo consuelo y plenitud terrenales, no permitas que vuelva a vivir encerrado en mí mismo. Amén.



Día Veintiocho – Tarde

Oh Luz Inaccesible, ¿cómo puedo doblar estas manos culpables delante de Ti? ¿Cómo puedo orar a Ti con labios que han pronunciado palabras falsas y ásperas?

Un corazón endurecido con pasiones vengativas:
Una lengua indómita:
Un espíritu quejumbroso:
Una falta de disposición para llevar las cargas de los demás:
Una disposición excesiva para dejar que otros lleven mis cargas:
Grandes profesiones unidas a bajos logros:
Bellas palabras ocultando pensamientos mezquinos:
Un rostro amistoso enmascarando un corazón frío:
Muchas oportunidades descuidadas y muchos talentos no cultivados:
Mucha belleza y amor no apreciados y muchas bendiciones no reconocidas:
Todo esto lo confieso ante Ti, oh Dios.

Te doy gracias, oh Padre amoroso, que siendo santo y trascendente como eres, Te has mostrado a lo largo de los siglos accesible a las oraciones de mortales errantes como yo; y especialmente alabo Tu nombre porque en el evangelio de Jesucristo Tú has abierto un camino nuevo y vivo hacia Tu presencia, haciendo libre Tu misericordia para todos los que no tienen nada más que alegar. Permíteme ahora encontrar paz en mi corazón huyendo de mí mismo y refugiándome en Ti. Que la desesperación por mis miserables pecados dé lugar a la alegría en Tu adorable bondad. Que la depresión de ánimo dé paso a un renovado celo y al espíritu de servicio.

Así, que esta noche me acueste pensando, no en mí mismo ni en mis propios asuntos, ni en mis propias esperanzas y temores, ni siquiera en mis propios pecados ante Ti, sino en otros que necesitan Tu ayuda y en la obra que pueda hacer por ellos en la viña de Tu mundo. Amén.

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